La migración más que un fenómeno económico es un fenómeno humano
Sin importar mucho el nivel intelectual de la persona, por regla general, esta busca constantemente superarse, es decir, y visto en una forma más realista, mejorar su condición económica. Para alcanzar eso, parte de lo que logramos en la vida se debe a los talentos que Dios nos ha dado y la otra parte depende de cómo los ponemos en práctica. Por tanto, es menester una alta cuota de voluntad y el luchar en forma constante si lo que se desea es la superación personal. Algunos no encuentran dificultad con esto, sin embargo, otros ven reducidas las oportunidades de éxito en la vida. Entre otros factores, esta es la premisa general del problema de la migración, que por lógica se acentúa en los países más pobres en donde las posibilidades de crecimiento son escasas. Como política pública, ¿debe el Estado promover la migración para mejorar la situación de sus habitantes? Para responder este planteamiento nos valdremos de la función maximizadora de los individuos, beneficios mayores que los costos. Todo esto nos llevará a concluir si realmente la migración ubica en una mejor situación económica a la persona y, si a la vez, no la vuelve menos persona que antes. Esto nos obliga a no dejar a un lado de nuestro análisis el enfoque humanitario.
En primer lugar, queda claro que un bajo ingreso per cápita aumenta la posibilidad de emigrar. Sin embargo, el factor económico y el aumento de la riqueza no es el más importante en la vida, pero lamentablemente con frecuencia vinculamos estos factores a la felicidad. Es en esta búsqueda de la felicidad, irónicamente material, en donde la persona se enfrenta a que su dignidad sea violada, ya que al tomar la decisión de emigrar se enfrenta a un tortuoso proceso hasta llegar al territorio anhelado. Su futuro, y el de su familia, queda a la suerte de que este pueda llegar con vida. Aparte de ello, atrás queda la fragmentación de la familia ocasionada, cuyos miembros con menor edad deberán valerse de si mismos para alcanzar su formación valórica y educativa, esa de la cual la familia es encargada de proveerla y, que en la mayoría de los casos, lastimosamente se recibirá fuera de sus hogares. Vemos en forma clara que el dinero no lo compra todo en la vida.
Esto se contrasta con las remesas familiares que en forma constante son recibidas con explícita alegría por sus familiares, quienes podrán contar por ello con una mayor estabilidad en cuanto a los ingresos en el hogar. Algunos de los familiares que reciben estos dólares se ven poco incentivados a trabajar, y por ello pasan a ser mantenidos y, en otros casos, a ser un estorbo para la sociedad porque no aportan más que su presencia. Las remesas deberían ser un complemento, no una dependencia. Otro de los principales problemas es la forma en que son recibidos los emigrantes. Muchas veces son desplazados a realizar trabajos inhumanos. Esto es lógico ya que el trabajo depende, en la mayoría de los casos, del capital humano que posee la persona. Alguien que proviene de un país pobre se verá destinado a trabajos de este tipo, caso contrario aspirará a un mejor trabajo y mejor remunerado. También es importante la edad de la persona, ya que los más jóvenes obtienen más ingresos.
Ha quedado comprobado, por tanto, que los resultados de nuestro análisis nos llevan a entender que la migración no siempre mejora las condiciones de nuestras familias, ya que si bien promover como política pública la migración nos lleva a mayores remesas, al mismo tiempo, cuando vemos las condiciones de los que emigran y a ello incluimos la dependencia de la población sobre estos ingresos, nos lleva a entender que los beneficios obtenidos son instantáneos, ya que el verdadero problema de estas personas solo se soluciona en el tiempo que los ingresos se generen, lo que significa que a largo plazo las familias volverán a estar mal, y de igual forma en el futuro los hijos de estos. El ideal debería ser que estas personas pudieran superarse en su propio país y que las posibilidades de superación se dieran allí. Por el momento, tal idealismo es imposible. El Estado debe, a pesar de esto, trabajar porque la necesidad de migrar sea menos con el paso del tiempo, la verdadera política pública debe ser invertir en el capital humano de los mas pobres, para que con el paso del tiempo, insisto, vayan estos siendo cada vez menos pobres.